Hace unos días juzgaban a un grupo de jóvenes navarros por supuestamente atacar a una patrulla de la policía foral, digo supuestamente porque incluso hubo imágenes de la furgoneta atacada en la que no se veía ni un solo rasguño en la misma. Lo mismo da allí donde les juzgan. El caso es que piden para cada uno de ellos 12 años de prisión, 12 años a merced de sádicos carceleros, 12 años de dispersión para sus familias con todo lo que ello conlleva. Viajes por carreta, cacheos y humillaciones para ver a los seres queridos y un largo etcétera.
A la vez, se revisa la condena a un médico del Opus condenado a 10 años de prisión por asesinar a Nagore Laffage, e intentar deshacerse del cadáver. 10 años por matar a una chica en San Fermines, 12 por atacar una furgoneta policial sin que sufriera daños ni la policía foral ni el vehículo. Y es que cuando del opus se trata, hasta la justicia tiembla. Más en Nafarroa.
Eso sí cuando de jóvenes independentistas se trata cualquier petición parece poca, cualquier alejamiento de Iruñea es poco castigo para familiares y amigos. Por cierto, ¿Cuanto años cumplieron en prisión o van a cumplir quienes crearon el GAL o quienes mataron a Ángel Berrueta? No lo sé seguro, lo que os puedo asegurar es que serán menos que los que estos chicos van a cumplir, salvo que la denuncia en las calles los saquen de las garras de tribunales de orden público y fiscales sedientos de sangre vasca.
A lo largo de la historia siempre ha habido dos tipos de justicia: la digamos “normal” y la que se aplica al enemigo. Esta segunda siempre se aplica con saña. Atraves de tribunales políticos, jueces elegidos a dedo por quienes tienen la labor de defender el status quo de las cosas, militares y policías que se emplean a fondo con detenid@s. Todo ello adornado de un barniz legalista y una izquierda complaciente. Esto último quizás lo mas necesario.
Siempre sin excepción se produce en estados totalitarios con fuertes problemas internos y externos, en estados que saben no tener razón pero que eternizan conflictos con la estúpida esperanza de una rendición de adversarios y enemigos. Mas al contrario, en una rendición que nunca llega acaban por convertirse en estados fascistas y derrotados, en cuna de corruptos y ricachones al amparo del todo vale. Y ahí acaba por llegar su final.
En esta tierra de una juventud valiente y decidida, pero también de hombres y mujeres entrados en años que nunca dieron su brazo a torcer, más pronto que tarde ocurrirá esto mismo. Veremos, si es que ahora no ocurre, caer en un pozo sin fondo a la clase política española, a su izquierda complaciente. Justo al unisonó vascos y vascas emprenderemos un camino ya irreversible que nos hará libres. Al tiempo…


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