“No aceptaremos los despidos”, decían los trabajadores y todos los sindicatos con representación en el comité de empresa de KOXKA. Pues bien, UGT y CCOO han aceptado los despidos, han roto la unidad sindical y han vendido a los empleados de esta empresa. ¿A cambio de qué? Está por ver, pero no sería la primera vez que algún sindicato pacta salvar a sus afiliados de la lista de despidos. La memoria histórica del movimiento obrero en Nafarroa da cuenta de las actitudes de UGT y CCOO en cientos de empresas y tajos, ofreciendo todo un muestrario de indignidades, conchabeos y complicidades con la Patronal. Esa patronal con la que compartieron el pasado 3 de diciembre la Medalla de Oro de Navarra, otorgada por el otro aliado, el Gobierno de Navarra.
Los representantes de UGT y CCOO hablaban, como siempre, del mal menor. Hace unos meses decían exactamente lo contrario y reaccionaban con enfado a las críticas de quienes anunciaban lo que finalmente ha ocurrido. ¿Mal menor aceptar casi 200 despidos? ¿Mal menor aceptar que se trunque la vida de tanta gente sólo porque la empresa quiere reorganizarse y tapar sus malas prácticas aprovechando la crisis? ¿Mal menor poner en peligro la viabilidad de la planta de Landaben? ¿En qué se distingue este mal menor del mal en sí?
La cuestión va mucho más allá del conflicto en Koxka. ¿Qué hacer ante la crisis? ¿Cómo responder a los planes del capital de pasar la factura a las trabajadoras y los trabajadores? ¿Qué camino debe tomar el movimiento obrero ante esta coyuntura? La Asamblea de Koxka ha respondido a estas preguntas de forma tajante, desautorizando a UGT y CCOO. Todo un ejemplo, una demostración de valor, dignidad y entereza frente a la adversidad que debe servir de faro al movimiento obrero. Tragando las ruedas de molino que imponen la Patronal y el Gobierno de Navarra no se van a suavizar las consecuencias de la crisis. Es posible que salven sus puestos unos cuantos afiliados de ya sabemos qué sindicatos, pero ese no es el camino para el movimiento obrero.
Y, desde luego, no se trata de inmovilismo. La plantilla de Koxka ha demostrado flexibilidad y ha llegado a aceptar ideas que en una situación diferente a la crisis actual nunca habría dado por buenas. Su capacidad para buscar soluciones razonables ha quedado acreditada más allá de cualquier duda. La inflexibilidad, la arrogancia y la prepotencia han venido, una vez más, del lado patronal. Con la ayuda, y esto tampoco es nuevo, de CCOO y UGT.
Queremos mandar en estos difíciles momentos un abrazo a las trabajadoras y trabajadores de Koxka que nos han dado una impresionante lección de dignidad.

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